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21 razones para contratar un arquitecto

Contratar un arquitecto es ahorrar tiempo, dinero y estrés.

Voy a enumerar, sin orden de importancia, las situaciones que  enfrentarás y deberás resolver si decides construir sin la ayuda de un especialista.

21 razones para contratarme

 

 

1. no tienes tiempo para ocuparte de tu obra

Pasa con frecuencia que algunos de mis clientes empiezan una obra queriendo hacer todo ellos mismos, la planeación, la contratación, la compra de materiales, la dirección de obra, etc. Al cabo de un par de días, incluso antes de entrar en la actividades difíciles de la obra, te das cuenta que es más complejo de lo que creías, que una obra requiere más de medio día de atención, y llamas un especialista para que te saque del enredo. Demasiados problemas al mismo tiempo te agobian cuando te das cuenta que cada contratista aporta su propia solución sin pensar en la globalidad del proyecto y mucho menos en tu presupuesto!

2. tienes tiempo para ocuparte de tu obra pero no estás seguro de algo

Esto es como tener mucho tiempo disponible y salir de viaje por tierra sin saber muy bien hacia dónde ir, en otras palabras, improvisar. Es válido improvisar, ir resolviendo a medida que se va avanzando, pero en el mundo de la construcción esto te puede costar mucho dinero. Una cocina bien diseñada, en términos de ergonomía, redes, materiales, acabados y funcionamiento adecuado, es la mejor inversión. De nada sirve tener mucho tiempo si te imaginas una cocina en donde la puerta impide abrir los cajones, o al cabo de un tiempo te das cuenta que lavar los platos te produce un tremendo dolor de espalda debido a las proporciones del mesón o la posición de los pies. (es un detalle muy importante)

3. tienes tiempo y has hecho «el diseño» a tu manera pero no tienes quién se encargue de la obra

Conoces un maestro de obra que te ha hecho algunos trabajos sencillos y cuentas con él. Pero no tienes un electricista, o un plomero, o un transportador, o carpintero, o mejor aún, un buen ornamentador. El maestro, dependiendo de su experiencia, sabrá hacer muchas tareas, pero tiene sus límites. O quizá no tienes un buen maestro, quizá ha tenido un par de experiencias con personas sin escrúpulos que le han quedado mal en otras oportunidades, y necesitas conseguir un buen grupo de trabajo, gente que se conozca y que trabaje en armonía bajo la dirección de un experto.

4. quieres hacer 10 cosas, pero te alcanza para 6

Ya hiciste el ejercicio y estuviste averiguando precios por aquí, precios por allá, y tienes una idea muy general de cuánto te costaría. ¿Pensaste en los preliminares de obra, en la dotación de los obreros, en el transporte de materiales nuevos, en los insumos, en la evacuación de escombros, en el alquiler de equipos o compra de herramientas necesarias? Esto hará que tu presupuesto se dispare. Un arquitecto te podrá dar varias opciones para realizar una misma cosa, por lo que muy seguramente podrás ejecutar más cosas con el mismo capital.

5. quieres hacer una parte de la obra con tus propias manos

A no ser que se trate de pintar las rejas del jardín, lo demás, déjalo en manos del arquitecto. Las obras que he realizado este año me han dejado una gran lección: nunca dejar que el cliente realice una parte de los trabajos con sus propias manos. Los problemas estarán a la orden del día y la obra no podrá fluir según el cronograma establecido. ¿Cuáles son las razones? 1. El trabajo no queda bien hecho. 2. El trabajo se demora mucho más de lo previsto 3. Al estar en la obra, no dejas que los obreros trabajen tranquilos  4. Se suben los costos por imprevistos o torpezas  5. Tratarás de culpar al arquitecto o al maestro de sus propios errores y será difícil terminar en buenos términos.

6. quieres hacer cambios durante la obra

Nada más común que hacer un cambio a última hora. Entender unos planos y los espacios representados no es algo fácil, por lo que muchas veces puedes cambiar de opinión ya viendo el resultado. Si eso pasa en proyectos con planos, imagínate lo que puede pasar con una obra que no tiene diseño ni planeación. Cambiar las cosas no es complicado, todo se puede, pero ¿sabes cuánto te vale y qué repercusiones conlleva?

7. contratas al maestro de obra que te recomendó un amigo

Seamos honestos, vivimos en un país donde los “avispados” quieren reinar. ¿Crees que un maestro cualquiera, por muy recomendado que sea, no va a querer sacarte ventaja en la obra? ¿Sabes calcular exactamente cuántos bultos de cemento debes comprar? ¿Confías 100% en esta persona? ¿Qué harás cuando te enteres del desperdicio de materiales? ¿De los sobrecostos al final de la obra? ¿Están afiliados los obreros? ¿Ya lo comprobaste? ¿Estás seguro que no te van a demandar si algún accidente ocurre? Estas preguntas te ponen a pensar, ¿cierto?

8. averiguas en la ferretería de la esquina quién te puede ayudar en la obra

Puede que no encuentres algún maestro recomendado, o que todos estén sumamente atareados y no puedan ayudarte. Corres a la ferretería más cercana y preguntas por mano de obra. La lista es grande, todos son maestros, oficiales, enchapadores, pintores, plomeros, electricistas, carpinteros, todos saben hacer de todo, y por un precio muy cómodo. ¿Será que el ferretero tiene algún tipo de acuerdo con sus “conocidos” para hacerle gastar más dinero del necesario comprando materiales? ¿Será que una mano de obra tan barata es de confiar?

9. contratas a un amigo carpintero

Tu amigo carpintero, que por lo general es uno de los últimos en trabajar en la obra, llega con sus aires de superioridad a decir que los muros están torcidos, que no puede instalar una puerta, que la ventana no cierra, que el clóset le va a quedar mal, y le echa la culpa al maestro, al electricista, al plomero y a cualquiera que haya intervenido en la obra antes. No es un secreto que todos los contratistas “la quieren fácil” en las obras, y que a nadie le importa lo que hace el otro. Todos ensucian el trabajo de los demás, no hay coordinación y ningún interés de trabajo en equipo. Esto representa dinero en reparaciones, remiendos, acabados extras, dolores de cabeza y a veces retomar ciertos capítulos que ya se daban por terminados.

10. diseñas tu propia remodelación

Es cierto que todos vivimos en espacios arquitectónicos desde pequeños, estamos habituados a las puertas, las ventanas, las habitaciones, la sala, el comedor, la cocina, en otras palabras, los espacios de permanencia, los de circulación, etc. Podemos decir que todos somos “un poco” arquitectos, así como somos “un poco” médicos, psicólogos, cocineros, etc. Pero ese poco a veces no alcanza para hacer las cosas como debe ser. Y dibujas los planos de tu proyecto a tu manera y los haces construir, y cuando terminas la obra te das cuenta que el interruptor te quedó detrás de la puerta, que el cajón de la cocina no abre para el buen lado, que los cajones superiores de los clósets no abren porque el techo es inclinado, que el piano de la abuela quedó demasiado atravesado, o que para entrar a la ducha hay que ser contorsionista. Y la más frecuente: problemas con la escalera, una viga atravesada, un golpe en la cabeza o un corredor a medias por escalones invasivos.

11. compras un enchape en promoción

¿Cómo resistir una promoción o remate de enchape en esos almacenes de gran distribución? Decide comprar la cantidad exacta pero no piensas en el desperdicio ni en los cortes, así como tampoco en el guarda-escoba. Al poco tiempo tu enchapador te pide más tabletas y tu sorpresa es grande cuando en el almacén te explican que ya no queda nada y que el próximo pedido llega en tres meses. Te quedas petrificado, sin guarda-escoba y sin enchapar un área importante.

12. Te encargas de las compras

Te piden comprar tubería de agua a presión: consigues un buen distribuidor, con muy buenos precios y los haces llegar a la obra. Cuando ya está todo, un amigo tuyo que es ingeniero se da cuenta que esos tubos no tiene la especificación adecuada, hay que cambiarlos, tratar de devolverlos, pagar transporte, y comprar los adecuados. El vendedor no se los recibe porque estaban en promoción y no tienen devolución. Asume el gasto y compras la tubería nueva finalmente. Cuando empiezan a hacer la instalación, el encargado de la plomería te pide más accesorios, hicieron la cuenta mal desde un principio. Debes sacar el tiempo para ir a comprar los benditos accesorios, y lo peor de todo, no sabes qué significa la mitad de las cosas, no sabes qué es un «codo calle» o un «codo campana por espigo», ¿será en presión  o sanitaria? Cuando regresas triunfante a la obra, te piden más soldadura, se acabó. Pierdes el día yendo repetidamente a comprar todo, y tu plomero pierde el día sin poder avanzar.

13. te encargas de las compras de los materiales grandes

El maestro te pide comprar cemento al inicio de la obra, antes de empezar siquiera las demoliciones. Te apresuras y compras 20 bultos y decides dejarlos en la bodega del parqueadero, en el sótano. Al cabo de un mes, no has usado el primer bulto de cemento. La obra se complicó por la demolición, surgieron muchos imprevistos, y ni siquiera has logrado evacuar todo el escombro. Olvidas del cemento. Un día, te cuentan que el cemento se dañó, que ya no se puede usar, que está endurecido: perdiste todo ese dinero, y como si fuera poco, hay que cargarlo y sacarlo a la basura.

14. te encargas de dirigir los obreros y la programación de la obra

Créeme, ni el maestro ni los obreros, te dirán con la suficiente anticipación que necesitan materiales, nunca. Ellos son “inmediatistas”, no planean nada, no prevén nada. Se contentan con ir avanzando y de un momento a otro te sueltan: “Ay, se acabó tal cosa, o nos hace falta más de tal otra”. La obra debe llevar un cronograma escrito, con actividades detalladas, para que así la cuadrilla de obreros nunca se quede sin hacer nada por falta de materiales.

15. quieres avanzar más rápido en la obra

Existe un cierto orden en las actividades de cualquier obra. Emplear más gente o hacer turnos largos o dobles, trabajar los fines de semana, no siempre se traduce en una ganancia de tiempo. Hay que saber avanzar correctamente, de lo contrario, aparecerán muchos remiendos por hacer. Hace poco tuve un cliente que quería pintar el apartamento antes de pulir los pisos de madera. Asimismo, quiso instalar las puertas y sus marcos antes que los pisos de las habitaciones. El mundo al revés.

16. no quieres sacar ningún permiso

Se entiende por reparaciones  locativas aquellas obras que tienen como finalidad mantener el inmueble en las debidas condiciones de higiene y ornato sin afectar su estructura portante, su distribución interior, sus características funcionales, formales y/o volumétricas.» (Art. 10, Decreto 1469 de 2010 en Colombia)

Están incluidas dentro de las reparaciones locativas, entre otras, las siguientes obras: el mantenimiento, la sustitución, restitución o mejoramiento de los materiales de pisos, cielo rasos, enchapes, pintura en general, y la sustitución, mejoramiento o ampliación de redes de instalaciones hidráulicas, sanitarias, eléctricas, telefónicas o de gas. En resumen, hay que hacer un expediente de Reparaciones Locativas, y si deseas modificar el aspecto exterior o la volumetría, es necesaria la Licencia de Construcción.

17. prefieres lo barato

Prefieres el plomero más barato, el electricista más barato, el maestro más barato, el carpintero más barato y todos los materiales más baratos. Esto te lleva a preferir los problemas en general, los problemas en plomería, los problemas en electricidad, los problemas con el maestro por las cosas mal hechas por falta de conocimiento o experiencia, los problemas en carpintería y el mal envejecimiento o resistencia de los materiales. Lo barato sale más caro, siempre.

18. tienes una cotización pero no sabes si está bien hecha

Hacer una cotización supone tener como base unos planos y unas cantidades que resultan de un diseño. Sin esto, es imposible tener una cotización acertada de cualquier capítulo de la obra. Además, si quieres comparar realmente a varios contratistas o proveedores, debes darles las mismas bases, una verdadera licitación. De lo contrario cada quien hará la cotización a su manera y con los materiales y el diseño que quiera.

19. tienes una idea del presupuesto pero no de los costos colaterales

Supongamos que quieres remodelar tu apartamento que queda en una unidad residencial, con parqueos en el sótano. Se trata solo de tumbar algunos muros y cambiar el enchape general de pisos, cocina y baños. Toda la demolición debe ser evacuada, y los escombros, cosa que quizá no sabes, no pueden mezclarse con otros materiales. La volqueta puede estacionarse a unos 100 metros de la entrada a tu edificio, y tu apartamento queda en el pinto 5 sin ascensor. Los costos colaterales de esta demolición sencilla son: compra de lonas, empacado de escombros en lonas a medio llenar porque de lo contrario quedan muy pesadas (lo que implica más cantidad de lonas), trasiego de escombros a hombro de ser humano hasta la volqueta, bajando escaleras, rampas y atravesando las zonas comunes de la unidad, cargue de volqueta y propina pa´la gaseosa.

20. quieres tumbar un muro, una columna o una viga

En las remodelaciones es muy común querer ampliar espacios sacrificando otros, lo que implica demoler muros, cielo rasos, o elementos estructurales. Lo difícil de este ejercicio, durante la etapa de diseño, es adivinar qué elementos puedes demoler sin que la estructura de la casa o edificio se vea afectada. No hay que adivinar, hay que determinar la viabilidad de cada acción. Y finalmente tumbas un muro para abrir la cocina y te encuentras con un tubo de aguas negras del edificio, y para colmo de males, le dieron un golpe al tubo y ahora está goteando.

21. quieres hacer algo que viste en una web o revista

Como todo el mundo hace desde que el acceso a internet se volvió tan fácil como consultar el teléfono, te inspiras de imágenes de decoración en revistas o en la web. Tu esposa quiere esas puertas blancas que se ven tan divinas, con esos relieves, o esa cocina espectacular, con esas alacenas y esa isla central. Quieres esa baranda en vidrio que se ve tan bien en esa casa o ese piso en madera maciza. ¿Sabes cuánto cuestan esos detalles de coquetería? ¿Estás seguro que se puedan implementar todos en tu vivienda?

Si leíste hasta aquí, espero haberte asustado lo suficiente con estos 21 puntos. Considéralos como una guía definitiva porque, en algún momento, vas a querer hacer uno de ellos.

No compres problemas, contrata un experto.  lo barato sale caro, siempre.


Recuerda que puedes encontrar otros artículos para completar la información aquí en el Blog.

Soy Santiago B. Jaramillo.

Cualquier duda que tengas, puedes contactarme al 316 536 1000 o escribirme a: info@remodelar.tips

 

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